LA TRAMPA DEL LIDERAZGO

La presidencia americana ofrece una visión singular de los roles, responsabilidades, actitudes y comportamientos de un líder (en particular, desde el inicio del siglo pasado). Mediante el estudio de las acciones y decisiones de los distintos presidentes, desde la gran depresión, las dos guerras mundiales, la guerra fría, los conflictos de Corea y Vietnam, las dos guerras del Golfo y la guerra contra el terrorismo, entre muchos otros eventos, uno puede extraer valiosas lecciones sobre el liderazgo.

El historiador y autor Robert Dallek en su libro “The American Presidency: from Theodore Roosevelt to Ronald Reagan”, propone que algunos de los presidentes más efectivos comparten los siguientes atributos:

• La capacidad de crear y comunicar una visión

• Mantener un enfoque pragmático en la toma de decisiones

• La capacidad de buscar y construir consensos

• La capacidad de inspirar confianza

• Un cierto grado de carisma personal

El autor también explica que el contexto y la suerte juegan un papel importante en la conformación del éxito o fracaso de un presidente. Creo que podemos aprovechar este brillante análisis para entender y medir la efectividad del liderazgo en cualquier tipo de organización. También nos puede ayudar a entender por qué, en la mayoría de los casos, hay una clara escasez de líderes efectivos en la función pública, la industria y demás actividades orientadas a las comunidades.

Para algunos, esto apoya la idea de que la figura del líder individual es cada vez menos relevante en el siglo 21, y que cada persona puede y debe tener una amplia gama de habilidades hacia el auto-liderazgo, o la autogestión, para alcanzar los objetivos dentro de cualquier empresa colectiva. Si bien no estoy en desacuerdo con el concepto, tampoco encuentro buenos ejemplos que evidencien el surgimiento de esta tendencia en una organización.

Estas nociones crean, en mi opinión, una “Trampa del Liderazgo”: queremos depender menos de los líderes individuales, a menudo decepcionados por sus acciones, pero también somos reacios a mostrar auto-liderazgo efectivo en nuestras actividades.

Independientemente de las expectativas que tengamos, ya sea que nos lideren otros o nosotros mismos, los siguientes son algunos obstáculos que vengo observando dentro del desarrollo de un liderazgo más efectivo:

• La falta de conocimiento de uno mismo y el entorno

• Falta de voluntad para buscar ayuda o apoyos

• Sistemas de creencias profundamente arraigados e inflexibles

• El temor al cambio y a la incertidumbre

• El no aprender de los errores

Propongo, para cualquier tipo de organización, independientemente de su propósito y escala, que se creen estructuras y procesos para abordar estas y muchas otras barreras en el desarrollo de un liderazgo efectivo, individual y colectivo. La formación y educación, la disponibilidad mentores y coaches, laboratorios de ideas e intercambios, son algunos ejemplos que vienen a la mente.

Y aunque parecen soluciones obvias, hay poca evidencia de este tipo de estructuras y procesos en los gobiernos, empresas, y otros tipos de organizaciones. Demos un primer paso y encontremos la mejor solución para ti!